Nací en Venezuela de padres españoles que en los años 50 metieron el miedo en una maleta, dejaron a su única niña, mi hermana al cuidado de los abuelos. Sin un centavo (unos amigos les prestaron para el pasaje, a cambio de que acompañaran a su pequeño hijo en la travesía en barco) sin estudios sabiendo solo leer y escribir y contar con los dedos como siempre dice mi padre; se embarcaron a un país del que no conocían nada salvo que si trabajabas mucho podías ganarte la vida. Mil y una peripecias después (narradas una y otra vez con una mezcla de dolor y orgullo) construyeron una hermosa vida, criaron a sus dos hijas y vieron nacer a sus cuatro nietos.
Allí fueron muy felices, mamá enfermó y finalmente nos dejó en Agosto de 2012. Mi padre indestructible la sobrevive, sin comprender muy bien por qué.Tres de sus nietos ya habían emprendido el doloroso éxodo, que ha marcado los últimos años de la vida Venezolana.
Un buen día mi esposo y yo decidimos que no tenía sentido estar alejados de nuestros dos hijos ni levantarnos todos los días viviendo una vida que no nos gustaba. Así que cerramos los ojos, dejamos todo atrás, dimos un último vistazo a los muebles que él había fabricado en su mayoría, a los libros que habíamos acumulado desde los años de Universidad, a nuestro amado jardín del que casi no pudimos comernos ninguna fruta después de 12 años de riego y cuidado, pero que llenó de gusto muchas mañanas de Domingo en las que nos dedicamos a sembrar y trasplantar, con más entusiasmo que éxito. En fin dijimos adiós a la familia a los amigos y a todo lo que había sido nuestra vida. Con tres maletas y dos carry-on emprendimos la aventura más grande que hemos iniciado (o tal vez la más loca)
Bueno y aquí estamos en un país nuevo, donde casi nadie nos conoce, sin trabajo, con una historia laboral que no podemos justificar (según me explicaron en la oficina laboral, aquí solo cuenta la experiencia que tengas en España), sin tener ya ni siquiera nuestros títulos de Ingeniería Sin casi ninguna posesión de las que es usual tener a nuestra edad y sin embargo siento que en este momento tengo una paz interior, un aplomo y una seguridad que hace mucho tiempo (tal vez nunca) había sentido.
Por eso estoy abordando este proyecto, este Blog. Quiero compartir este nuevo sentido que encuentro cada día construyendo mi realidad desde adentro, con la certeza de que aunque en blanco y negro lo que mi familia y yo hemos vivido en los últimos años puede parecer una mala época, para mi en este momento es solo una etapa de transición, de crecimiento, de cambio, de aprender a vivir con mayúsculas a los 53.
Ojalá alguien esté interesado en acompañarme en este camino de construcción y enriquezca este Blog con sus propios comentarios y experiencias.
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